LA CONDENA - Episodio 5: Alba y Carlota (parte II)


Las chicas conversaban mientras La Gitana le ponía las ataduras a Carlota.

- Cuidado con esta, que es capaz de reventar los barrotes de la cama, eh -. Se burlaba Alba, que todavía llevaba puesta únicamente su ropa interior.

Kiara intervino.
- Pues como los deje como la mandíbula de la nazi esa... 

Elisa las miró, frunciendo el ceño confundida, como quien reprime una pregunta que no se atreve a formular. Alba se dio cuenta.

- ¿La nueva no sabe por qué estuvimos en aislamiento? 

- Bueno, sé que tuvisteis una pelea y que una persona acabó en el hospital -. Le respondió Elisa con cierta timidez, tratando de medir muy bien sus palabras.

- Una persona no, era una nazi -. Dijo Alba con desdén. - Me dio un empujón con el hombro en el comedor, en cuanto me giré para mandarla a tomar por culo, la muy hija de puta me arreó con la bandeja de comida en toda la sien. Ahora, gracias a Carlota, la tía estará bebiéndose una crema de verduras con una pajita.

- Que se joda, se lo merecía -. Dijo Kiara.

- Y ya no por el bandejazo que me dio a mí, se lo merecía por lo que le hicieron a la Mimi.

Elisa frunció de nuevo el ceño.
- ¿Quién es Mimi?

- Quién era -. La expresión de Kiara cambió por completo. - Mimi era de nuestra hermandad. Una chica senegalesa que jamás se metía con nadie, era una dulzura de niña. Todo el mundo la quería. Esas bestias le pegaron tal paliza en las duchas que la pobre falleció antes de llegar al hospital.

Elisa se llevó las manos a la boca, horrorizada. De pronto, sintió rabia y ganas de llorar. Se imaginó el rostro de Mimi  y la sintió como una de las suyas, a pesar de no haberla conocido. 
- ¿La chica que está en el hospital fue la que le hizo eso a Mimi? - preguntó.

- No -, La Gitana se sumó a la conversación, con los ojos llorosos. - a las dos autoras de la paliza las trasladaron, pero eran miembros de la misma organización. Estamos convencidas de que Helga, la líder de las nazis, estuvo detrás de la muerte de Mimi. 

- ¿Helga es la chica del hospital?

- No. La chica del hospital es la mano derecha de Helga, a la que, por cierto, habrá que hacer una visita uno de estos días -. Dijo Alba.

- De eso ya me encargaré yo -. Dijo La Gitana.

- ¿Y no sería mejor contárselo a alguien? - La ingenuidad de Elisa hizo sonreír a sus compañeras. 

- No, cariño, aquí las cosas no funcionan así -. Como siempre, La Gitana se mostró cálida y serena. - La banda de Helga es pequeña, apenas son unas cinco chicas, pero esto hay que cortarlo de raíz antes de que crezca más. Se están envalentonando. Ya va siendo hora de hacer lo que no hicimos en su momento. 

A Elisa, todo ese asunto la inquietó.

- Chicas, ¿me vais a dejar aquí todo el puto día? - interrumpió la grave voz de Carlota, que no había abierto la boca todavía.

- Aaay, mi cari, que nos la dejamos olvidada -. Alba trató de aportar algo de humor al ambiente, que se había enrarecido con la anterior conversación.

- ¿Vamos allá? -  La Gitana miró dulcemente a Carlota.

- Vale, pero yo prefiero que os turnéis, una a una, que yo no tengo tanta energía como ésta -. Dijo señalando a su novia con un movimiento de cabeza.

- ¿Quién prefieres que empiece, cielo? - preguntó La Gitana.

- Venga, que empiece la nueva, a ver qué sabe hacer.

Elisa sonrió con timidez.

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Miró el robusto e indefenso cuerpo de Carlota, que la miraba con semblante serio y el ceño fruncido, en un gesto que denotaba más curiosidad que desdén. Elisa pensó que tal vez la chica no creyera que ella fuera capaz de hacer que se quebrara. La examinó de arriba a abajo, el vello castaño de sus axilas, el cinturón de rosadas y pequeñas estrías que adornaban su cintura y la parte baja de su vientre. Contempló su carne, algo flácida pero firme y se preguntó dónde estarían los puntos débiles de la enorme pareja de Alba. Sus tres compañeras la miraban en silencio, expectantes. Con una sacudida de cabeza, se desprendió del todo de los pensamientos que la habían invadido a raíz de la conversación sobre las neonazis y se puso manos a la obra.

Sus dos manos, con los dedos en forma de garra, se acercaron lentamente a la parte delantera las costillas, justo debajo de los pechos, se posaron y empezaron a moverse, ejerciendo presión. Carlota cerró los ojos y contrajo su cuerpo, pero ni un ruido ni media sonrisa salieron de su boca. Permanecía seria, así que Elisa presionó un poco más. Nada, sólo los párpados, que se apretaron con más fuerza.

- Caray, eres un hueso duro de roer.

Algo parecido a una sonrisa pareció asomar de las comisuras de Carlota al escuchar esto, pero se esfumó en seguida. Elisa probó más suerte en las peludas axilas, sin medias tintas, ejerciendo exactamente la misma presión que estaba ejerciendo en las costillas. 

- Mmmmmmmgggghhh... - Una especie de gruñido contenido se escapó de pronto.

Al oírlo, Elisa sonrió, mostrando sus encías con malicia. Sus dedos en forma de garra insistieron en esa zona. Carlota apretó los labios. 

- MmmmMMMMMMMmmmgggghhhhhh...

El cuerpo de Carlota se revolvía ligeramente.

- Pensaba que me lo ibas a poner más difícil, compañera -. Rió Elisa.

- ¡Vamos, cari, que la nueva no va a poder contigo! - Gritó Alba.

Elisa no notó maldad en las palabras de la punk, sino más bien, ganas de jugar a provocarla. Con un movimiento fugaz, sus manos volvieron a atacar las costillas, esta vez en los laterales, sorprendiendo a Carlota, que dio una sacudida y se tensó aún más. Elisa soltó una carcajada. Carlota seguía sin abrir los ojos ni esbozar una sonrisa, pero su cuerpo se revolvía cada vez más. A pesar de la apariencia estoica de su rostro, Elisa sabía que Carlota lo estaba pasando francamente mal, así que siguió apretando los laterales de las costillas, haciendo que el cuerpo de Carlota se moviera de un lado a otro sin poder hacer nada por disimularlo.
Los firmes dedos de Elisa bajaron entonces hacia los costados de la cintura, presionando con las yemas la carne de la indefensa víctima. Carlota dio otra fuerte sacudida, apretando los dientes. Se le escapó un quejido.

- Caliente, calienteeee -. Dijo Kiara, sonriente, dando a entender que se acercaba a zonta peligrosas.
- ¡Aguanta, CARIIII! - a Alba le divertía la situación.

Elisa movía los dedos con una precisión que sorprendió a La Gitana. Con Kiara y con Alba lo había hecho bien, pero con Carlota, que se estaba resistiendo un poco más que las otras dos, la ex concejala parecía estar pulsando las teclas de un gran piano, como una experta y concentrada pianista que jamás erraba una nota. A pesar de ello, había logrado desesperar a su instrumento humano hasta el punto de hacer que se retorciera y gimiera, pero la pieza que Elisa interpretaba todavía no había llegado a su momento culmen: el de las risas. Sabía que estaba cerca, estaba convencida de que llegaría de un momento a otro, por sorpresa, causando el furor de su modesto pero entregado público.

- Sigue así, corazón. Lo estás haciendo verdaderamente bien -. A Elisa le sorprendieron de pronto las palabras de apoyo de La Gitana, una persona tan experimentada en el arte de las cosquillas la estaba elogiando.

Elisa abandonó de pronto los costados de Carlota, posando las palmas de sus manos en el ancho vientre de ésta, que abrió los ojos con sobresalto y la miró fijamente, con el rostro serio y algo en su mirada que parecía..., ¿miedo? 
Sorprendida, la torturadora se giró sonriendo hacia sus compañeras, que la miraban y reían en voz baja. Casi a la vez, las tres asintieron. El gesto de Elisa se transformó, dando lugar a una risa pícara y mirando a los ojos, abiertos como platos, de Carlota.

- Oh, oooh. Carlota, ¿"la nueva" acaba de encontrar tu punto débil? - dijo Elisa, entre divertida y emocionada.

Carlota negó con la cabeza, como un niño pequeño que no quiere probar la última cucharada de su comida. 

Las manos, extendidas sobre la barriga de la indefensa presidiaria, se despegaron de ésta y los dedos comenzaron a acariciar la piel, que se contraía tratando de huir de ellos, como dos imanes con sus polos opuestos.

- Mmmmmmmgggghhhh...

Una mueca de desesperación emergió del rostro de Carlota, a quien cada vez le estaba resultando más difícil mantener la compostura. Elisa, en cambio, sentía que la situación le pertenecía. Se sentía poderosa, dominando de forma despiadada pero respetuosa a una persona tan ruda la que tenía a su merced. Sus dedos aumentaron la velocidad, logrando que los movimientos se volvieran todavía más frenéticos. De pronto, miró a su víctima y vio cómo su cara había enrojecido. El ceño fruncido, los dientes apretados con tanta fuerza que parecía que estuvieran a punto de romperse, las mejillas hinchándose y desinchándose. Carlota estaba hiperventilando y a Elisa, la imagen le recordó a una mujer dando a luz. 

- Buah, ya la tiene -. Kiara se dirigía a sus otras dos compañeras.

Elisa las miró triunfante:
- Chicas, con esto acabo y os cedo el turno. 

Y antes de terminar la frase, sus largos dedos empezaron a recorrer a toda velocidad la barriga de Carlota, que comenzó a dar fuertes tirones que hicieron temblar la estructura de hierro de la vieja cama de matrimonio. 

- NOOOOOOOOOO... - dijo por fin. - JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.

La risa aguda e infantil de Carlota divirtió muchísimo a Elisa. El fuerte contraste con su apariencia basta e inquebrantable la hicieron reír y la animaron a seguir cosquilleando su barriga, que se movía y temblaba al compás de las sacudidas.

- YAAAAAAAAA, ¡¡LA BARRIGA NOOOOOOOHOHOHOHOHOHOHOHO!! YAAAAAAAHAHAHAHAHAHAHAHA...

- ¿A quién le toca? - dijo sin dejar de hacerle cosquillas.

Alba se acercó, le ofreció a Elisa chocar los cinco y se colocó a un lado de su atormentada novia. Elisa chocó la mano de Alba.

- Buen trabajo, nueva.

Apenas hubo unos segundos de pausa entre una y la otra. Sin dejar respirar a su chica, Alba continuó donde Elisa lo había dejado. Se puso de rodillas sobre las caderas de Carlota y empezó a hacer cosquillas a su barriga. Ésta volvió a convulsionar.

- Pareces un toro mecánico, jajajajaja -. Rió Alba mientras su cuerpo, todavía en ropa interiorbraguitas y sostén, salta ñba de forma involuntaria sobre el de Carlota.

La risa seguía sonando, aguda y desesperada, mientras Alba clavaba con fuerza sus dedos sobre el vientre y los costados. 

- JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA, NOOOOOOO, ¡CARI, NO ME JODAS! JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA.

Elisa las miraba. La Gitana le frotó un hombro en señal de aprecio. Kiara le guiñó un ojo. 

Alba empezó a besar y a lamer la castigada barriga de Carlota, que respondió forcejeando con todas sus fuerzas. La lengua de Alba ascendía y descendía, como una brocha juguetona, pintando con saliva a su carcajeante pareja. De pronto, una mano estaba en la barriga y la otra estaba dentro de las braguitas de Carlota, moviéndose de forma errática. 

- A este paso se me pasa el turno -. Exclamó Kiara entre risas mientras se acercaba a los pies, que comenzaron a forcejear sus ataduras en cuanto notaron el tacto de las uñas deslizarse por sus plantas. Carlota dio un chillido agudo que para nada concordaba con su aspecto agresivo y su gravedad al hablar.

Elisa se acercó a La Gitana.
- Gitana, tengo un par de cosas que comentarte.

- Claro, niña, lo que quieras. Yo también tengo algo que proponerte, pero empieza tú -. Dijo con dulzura.

- Verás, no te lo sé explicar, pero creo que me gusta demasiado todo esto. Cuando me hicisteis cosquillas, yo lo pasé horrible, pero también lo pasé genial a la vez, me sentí indefensa y muy liberada. Algo parecido me pasa cuando soy yo la que hace las cosquillas. Siento una sensación de poder que nunca había experimentado. Gitana, yo te juro que nunca me habían atraído las cosquillas. Ni siquiera sabía que se podían ver de este modo hasta que no te conocí, pero es algo inexplicable que me atrae y me preocupa al mismo tiempo.

- Mi niña, estás sintiendo cosas que para ti son nuevas y lo estás haciendo a través de las cosquillas. Eso no quiere decir que te estés volviendo fetichista. Simplemente, ahora las ves y las sientes de otro modo. Es algo normal, no tienes porqué preocuparte.

- Ya, hablando de preocupaciones. Me inquieta todo el tema con las neonazis. Me preocupa que todo eso pueda acabar en violencia.

- Corazón, aquí la violencia sólo se emplea cuando no hay más remedio, o cuando no hay nadie para vigilar a esta -. Señaló a Carlota con la cabeza. - Siempre es el último recurso y créeme que siempre hago todo lo posible para alcanzar otras vías, niña. Y rara vez no lo consigo. Pero ahí es donde entras tú...

- ¿Yo?

- Sí. He notado que tienes una intuición casi innata, algo que no es muy común en alguien que nunca ha hecho cosquillas a una persona atada. Por eso tengo una propuesta que hacerte. 

- ¿De qué se trata? - Elisa la miró, intrigada.

- Antes que nada, quiero que sepas que tú ya eres miembro de pleno derecho de esta hermandad. No tengo ningún derecho a pedirte nada más, así que puedes decirme que no. Pero eso sí, me gustaría que me escucharas.

- Claro, dime.

- Como ya sabes, las cosquillas no sólo las empleo como ritual, no siempre son tan divertidas como lo están siendo hoy o lo fueron ayer. También las uso como forma de castigo o de disuasión. Es lo que estoy planeando hacer con Helga, la líder de las neonazis. Para ese tipo de trabajos, siempre cuento con Lidija. Digamos que, si Carlota es nuestro brazo ejecutor en cuanto a fuerza bruta, Lidija lo es en cuanto a las cosquillas se refiere. Nadie encuentra y maneja los puntos débiles mejor que ella y he visto a auténticas rocas suplicarle clemencia. Es incluso mejor que yo y sólo hay una persona a la que he visto acercarse a su talento: tú. Seré muy clara, Elisa, queremos darle una lección a Helga, la líder de las neonazis. Nos vendría muy bien tu ayuda.

- ¿Quieres resolver una conflicto con un grupo radical a base de cosquillas? - El tono de Elisa no molestó a La Gitana.

- Sé perfectamente cómo de ridículo suena, cariño, pero créeme que ha funcionado otras veces y es mucho mejor que un baño de sangre.

- ¿Y yo me tendría que aliar con esa tal...?

- Lidija. Lidija Vuković está aquí por extorsionar a personas muy influyentes. Ejercía la prostitución de lujo, a diferencia de otras, por elección propia. Casi desde el principio y gracias a sus influencias empezó a trabajar por cuenta propia, sin intermediarios. Lidija es muy inteligente, calculadora y ambiciosa. Conmigo encontró su sitio como torturadora, pero contigo, las tres haríamos a la hermandad invencible.

- AAAAAAAAAAAAAHHHHHHH.... - Carlota acababa de correrse entre risas y espasmos. Elisa ni siquiera se percató de ello.

- De acuerdo, supongamos que acepto, ¿qué tendría que hacer?

- Reunirte con ella y conmigo. Mañana?

- ¿Y ya está?

- Querrá ver cómo haces cosquillas. 

- ¿A algunas de las chicas?

- Querrá sentirlo en su propia piel, ya lo he hablado con ella. Me dijo que, si aceptabas, ella sería tu víctima.

- ¿Y? ¿Se supone que es inmune a las cosquillas o algo?

- Jajajaja, ¿Lidija? Qué va, cariño, Lidija tiene muchas cosquillas, igual que todas, pero sabe identificar a una buena torturadora. Ella no quiere que tengas piedad.

- Entonces supongo que ella está de acuerdo con todo esto que me has contado, lo de que las tres formemos una especie de "élite de torturadoras."

- Ojalá no tuviéramos que emplear las cosquillas de ese modo, cariño, pero así es. ¿Qué me dices? ¿Quieres intentarlo, aunque sea?

- Gitana... - Elisa se quedó pensativa durante unos segundos. - Mañana esa Lidija se va a enterar. La Gitana la abrazó.

- Jooooder, vaya semana. Tres corridas en dos días -. Reía Kiara mientras desataba los pies de Carlota.

- ¿Cómo que tres? - Alba la miró, con extrañeza. - ¿Quién más se ha corrido?

- Elisa, ayer, en su ritual de iniciación -. Elisa se sonrojó.

- No me jooodas, ¿le hiciste una paja? - Dijo Alba.

- ¿Qué paja, ni qué paja, tía? Se corrió sólo con las cosquillas.

Alba se acercó a Elisa y le picó los costados.
- Vaya, vaya, con la nueva. Ahora sí que eres nuestra heroína.

Elisa reía, pero sus preocupaciones mantenían su mente ocupada.






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